El infiel …

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Aquella mujer cansada,
que dejó los ojos
colgados del ropero,
salió por la puerta
con las manos empapadas,
recogiendo la humedad salada del suelo.
Partió la mujer con la luna,
cuando el silencio rompió la pena,
pisando solo con las puntas,
se marcho la mujer serena.

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