La navaja …

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En tedioso atento suicida
se llenó el balcón de angustia
sobre sangre que gotea sin alivio,
y en la pesadez del aire y el delirio
rompió el corazón en consciencia.
Había perdido noción de la paciencia
en narcotizado afán de sueño,
sentado en pesadillas disolutas
de vago amor sin dueño.
Y así, sin más:
La navaja,
comenzando por la boca,
palabra que sin querer evoca
el mismo infierno en vida.

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